Implicaciones Estructurales para la Seguridad Nacional e Inteligencia en las relaciones México - Estados Unidos.
Informe de Política y Estrategia
Producto OSINT para libre circulación | Elaborado por Ernesto Derek Landeros Valdez | 09 de marzo 2026 | Plataforma X: @dk_landerosintl - @aegisgeoof | Instagram: aegisgeo | contactoaegisgeo@gmail.com
Resumen Ejecutivo
La Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) 2025 de la administración Trump consagra el tránsito de la unipolaridad hacia un repliegue selectivo centrado en el hemisferio occidental como pivote geopolítico bajo el “Trump Corollary” a la Doctrina Monroe. El documento reconoce el agotamiento del hard power global y prioriza la inconformidad por una coacción hemisférica mediante designación de cárteles como organizaciones terroristas extranjeras (FTO) y coaliciones regionales. El caso Venezuela ilustra sus límites estructurales: la Operación Absolute Resolve (enero 2026) fue un éxito táctico-quirúrgico de primer orden, pero generó vacío estratégico, erosión de confianza regional y un costo fiscal estimado en 2,9 billones de dólares sin narrativa sostenible de amenaza vital. Demuestra que el poder militar puro oxida la capacidad estadounidense de construir alianzas duraderas en un entorno multipolar. México ocupa una posición sistémica irreemplazable: frontera compartida de 3.152 km y liderazgo comercial (338 mil millones de dólares en exportaciones estadounidenses, 14,6 % del total). Cualquier acción coercitiva unilateral o escalada como la Conferencia Anti-Cártel de SOUTHCOM (marzo 2026) y la coalición “Escudo de las Américas” pondría en riesgo 17 millones de empleos binacionales y la estabilidad logística continental, especialmente bajo estrés petrolero derivado del conflicto en Irán. La ausencia mexicana en ese foro no es debilidad: es reconocimiento implícito de estatus superior y canal bilateral privilegiado. La arquitectura de seguridad mexicana ha evolucionado hacia un modelo híbrido único: Guardia Nacional bajo mando operativo de la DEFENSA como fuerza de cobertura territorial permanente, Ejército como balaustre nacional insustituible y SSPC-CNI como nodo de inteligencia civil. Esta estructura permitió operaciones coordinadas de alto impacto incluida la neutralización de Nemesio Oseguera “El Mencho”, demostrando capacidad de respuesta territorial que ningún otro país del hemisferio posee. Las implicaciones son claras: Washington subestima la interdependencia económica irreversible y la sofisticación de las zonas grises post-Ucrania. La preferencia por coaliciones coercitivas (modelo Ecuador) politiza la seguridad y reduce espacio para cooperación profunda, mientras México sigue siendo el único actor capaz de entregar resultados sistémicos sostenibles.
Recomendaciones de ejecución inmediata
La SRE debe emitir un comunicado formal enmarcando la ausencia en “Escudo de las Américas” como estatus privilegiado y convocar Cumbre Sheinbaum-Trump para exigir responsabilidad compartida en control de armas y flujos financieros. Preparar memorándum SRE-Secretaría de Economía para revisión T-MEC 2026 que vincule estabilidad comercial a no-unilateralismo cinético. Implementar programa temporal (2-3 años) de fusión de inteligencia con traspaso controlado de tecnología, condicionado a reciprocidad plena. Consolidar grupo interinstitucional permanente (SEDENA-SSPC-SEMAR-CNI) para depurar pugnas internas y actualizar la Agenda Nacional de Riesgos con escenarios de escalada. México posee los tres activos decisivos que Estados Unidos necesita y no puede replicar: frontera, integración económica y capacidad militar-territorial. La disyuntiva no es alineación versus confrontación, sino convertir esta posición estructural en apalancamiento para una relación de seguridad madura, recíproca y desideologizada. La alternativa de una coerción sostenida solo aceleraría la erosión mutua de gobernanza que la propia NSS 2025 pretende evitar.
Implicaciones Estructurales para la Seguridad Nacional e Inteligencia en las relaciones México - Estados Unidos.
Introducción
La racionalidad estratégica que sustentaba la hegemonía global en la era de la unipolaridad ya no constituye el marco de referencia en los análisis serios sobre los retos y prospectivas internacionales. La rigidez inherente al hard power (con matices según el caso) termina erosionando la propia capacidad de gobernanza del Estado-Nación que lo ejerce. En el caso de los Estados Unidos, la publicación a finales del 2025 de la NSS (Estrategia de Seguridad Nacional) dio forma a las percepciones de cómo la administración Trump planea segmentar sus zonas de influencia.
El documento aborda con bastante claridad y asertividad que el hemisferio occidental o lo que Zbigniew Brzezinski catalogaba como la “isla continental” sería un pivote estratégico de primer orden para los Estados Unidos. Bajo el estilo particular de la administración liderada por Donald Trump parecía que, en un inicio, reconocía el hecho de que la proyección de poder estadounidense se había cristalizado como un fracaso al involucrarse en conflictos de diversos niveles por todo el globo. Este planteamiento fue parte medular del discurso de campaña de Trump y posteriormente se volvió parte de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 acotando en su contenido que: “Nuestras élites calcularon mal la disposición de América a asumir para siempre cargas globales a las que el pueblo estadounidense no veía conexión con el interés nacional”.
Eso plantea la estrategia, pero ¿cómo se ha desarrollado el espectro internacional? ¿Ha logrado operacionalizar Estados Unidos bajo el liderazgo de Trump un repliegue estratégico hacia el hemisferio occidental?
I. Del enunciado estratégico a la operacionalización (diciembre 2025 – marzo 2026)
El repliegue no ha sido absoluto. Podríamos decir que el documento de la NSS tiene bagajes con cierto grado de ambigüedad para operar de forma flexible en los multi niveles estratégico, táctico y operativo. Dependiendo de la coyuntura política y el “timing” para la toma de decisiones. Esto resalta la estrategia cuando menciona que: “No todo país, región, cuestión o causa —por muy digna que sea— puede ser el foco de la estrategia estadounidense”.
Habría que revisar la percepción de algunos actores y su decisión por agregar el corolario Trump y la doctrina Monroe a la taxonomía inherente del hard power; tras años de focalización en otros frentes ¿la coacción y la imposición son la mejor forma de crear asociaciones estratégicas en el continente americano?
Comenzamos abordando la rigidez que implica la ejecución del hard power; en un mundo con centros gravitacionales de poder desarrollándose. La beligerancia oxida el engranaje para el desempeño de una diplomacia más sofisticada, con prospectiva e interoperabilidad holística del reconocimiento del espectro global para el diseño de políticas estratégicas sostenibles, alianzas integrales o acuerdos parciales en el mediano y largo plazo. Como lo menciona Christopher McCallion en un artículo para Defense Priorities titulado “Grand Strategy: The limits of military force” (Gran Estrategia: los límites de la fuerza militar): “Los responsables políticos deben ser más sobrios respecto a los límites del poder militar. La abundante seguridad de Estados Unidos significa que se beneficiaría de más diplomacia y acuerdos con sus adversarios, en lugar de amenazar con derrocar o sancionar sus regímenes”.
I.I El caso Venezuela: éxito táctico, subterfugio operativo, vacío post-operación.
Venezuela fue una manifestación contundente de subterfugio operativo tipificado como “narcoterrorismo” para evadir la falta de planeamiento estratégico en la operabilidad continental. El día 03 de enero del presente año se ejecutó la operación “Absolute Resolve” la cual trajo como resultado la exfiltración del entonces presidente Nicolás Maduro y su esposa. A tres meses de la operación; la incertidumbre post-Maduro todavía alcanza a permear la credibilidad sobre la capacidad de planificación estratégica de los Estados Unidos y sigue sin existir una postura institucional que acote las inconformidades regionales al no ser capaz de argumentar la existencia de una amenaza vital real hacia el país del norte.
Quizá, en cierto espectro político continental; la discusión de estimulaciones exógenas por parte de actores no estatales pudo ser una ventana de oportunidad para la narrativa estadounidense. Según el testimonio de Marshall Billingslea exsubsecretario de Financiación del Terrorismo en el Departamento del Tesoro en una comparecencia ante el Senado de EE.UU. y su “Caucus On International Narcotics Control” el 21 de octubre del 2025 testificó que: “aunque los contratos se adjudicaron a empresas fachada vinculadas a Hezbolá ya en 2001, la amplitud y profundidad de la presencia de Hezbolá en Venezuela se expandieron drásticamente una vez que Maduro asumió el poder”. Sin embargo, tras la operación, no se ha profundizado más sobre el tema y una posible influencia de Hezbolá en la zona.
A nivel táctico-operativo diversos posicionamientos afirman que la operación alcanzó parámetros de excelencia en su ejecución. Según un reporte del Center for Strategic and International Studies (CSIS) realizado por Ryan C. Berg plantea que: “Aunque muchos de los detalles operativos siguen siendo vagos — y probablemente clasificados — el ejército estadounidense pareció haber superado las defensas aéreas de Venezuela, mientras que fuerzas de operaciones especiales y agencias de seguridad participaron en la redada a la casa de Maduro. La operación parece haber sido un éxito abrumador a nivel táctico, ya que la Fuerza Aérea de EE. UU. controlaba los cielos, los radares y la red eléctrica de Venezuela quedaron bloqueados, y muchas de sus defensas aéreas fueron destruidas”. Este documento no busca realizar un análisis detallado de la operación sino recalcar la importancia del daño a las relaciones en la región, erosión de confianza bilateral con Estados Unidos y la generación de incertidumbre estructural. Sin embargo, vale la pena recordar el despliegue y concentración de activos militares en el Caribe, una muestra prístina de hard power. Algunos avalan estas acciones como dignas de una campaña para contrarrestar la influencia China en el hemisferio occidental sin debilitar el flanco del Indo-Pacífico. Hoy en retrospectiva y tomando en cuenta la falta de continuidad en el tema Venezuela, dicha campaña costó demasiado (aproximadamente 31 millones de dólares por día según reportes preliminares del CSIS - Bloomberg reporta un gasto total estimado en 2.9 billones de dólares) para lo que Estados Unidos ha logrado y logrará en el mediano y largo plazo. Venezuela, un fracaso. ¿Cuánto podrá replegar a China en el panorama geoestratégico? ¿Están los EE.UU. bajo la administración Trump minando las alternativas de una cooperación realmente profunda con los países de la región?
II. Implicaciones Estructurales para la Seguridad Nacional e Inteligencia de México ante el “Trump Corollary”
En México las narrativas de poder unipolar también han tensado las relaciones con Estados Unidos y perturbado el ecosistema para las negociaciones. Al igual que Venezuela; México enfrenta el subterfugio del “narcoterrorismo” pero con un matiz de complejidad mucho más profundo.
Ambos países han sido objetivos del mismo marco jurídico por parte de Estados Unidos: la implementación de una orden ejecutiva el 20 de enero del 2025 por la Casa Blanca, la posterior designación de los cárteles como organizaciones terroristas (FTO) el 20 de febrero de 2025, la añadidura a la taxonomía del terrorismo y la retórica constante de una intervención directa, es decir, operacionalizar las amenazas en el terreno. Sin embargo, México requiere un desglose panorámico completamente diferente.
A diferencia de Venezuela; México comparte una frontera directa con los Estados Unidos de 3,152 kilómetros según la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) a través del Consulado General de México en Sacramento. Esto lo vuelve de facto un socio estratégico pese a las asimetrías que pueden surgir sobre la revisión de este rubro. Aunque no haremos un desglose exhaustivo de los apartados económicos es importante señalar la integración económica binacional. En el año 2022 según datos de la Oficina Ejecutiva del Presidente de los Estados Unidos México era el segundo comprador de exportaciones estadounidenses alcanzando una cifra de 324,300 millones de dólares.
Para 2025 México se posicionó como el principal socio comercial de los Estados Unidos desplazando a Canadá. México compró exportaciones estadounidenses con un valor de 338 mil millones de dólares. Esto representa el 14.6% de las exportaciones de Estados Unidos según la Oficina del Censo de ese país. ¿Qué quiere decir esto? No hablamos de un aislacionismo como el que permea la dinámica venezolana. Aun teniendo en cuenta la interdependencia asimétrica más desfavorable para México, trastocar esta piedra estructural causaría repercusiones muy graves tanto para México como para los Estados Unidos. Más en un momento de intensificación de los conflictos globales. Toda la capacidad logística bis a bis entre México y Estados Unidos está a la expectativa de los precios del petróleo mientras se desarrolla el conflicto con Irán.
La interdependencia en los rubros económicos ya nos marca una línea roja binacional que no debe ser perturbada o extralimitada con acciones coercitivas y decisiones urgentes para repuntes en la aceptación social. Este ha sido el caso de la postura estadounidense frente al gobierno mexicano. Desde las constantes presiones de la oficina oval hasta comunicados a través de la nomenclatura militar estadounidense. El día 6 de marzo de 2026 a través de la Oficina para Asuntos Públicos del SOUTHCOM (Comando Sur de los EE.UU.) se publicó que en la primera Conferencia Anti Cártel de América el 5 de marzo en la sede del SOUTHCOM en Doral, Florida, en diálogo con 17 líderes de defensa y seguridad del hemisferio occidental Stephen Miller subjefe de gabinete de la Casa Blanca y asistente del presidente para Seguridad Nacional dijo: “Estas organizaciones solo pueden ser derrotadas con poder militar. Los cárteles que operan en este hemisferio son el ISIS y Al-Qaeda del hemisferio occidental y deberían ser tratados con la misma brutalidad que tratamos a esas organizaciones.” Esta posición puede ser arrogante, pero es una muestra factual que debe tomar en cuenta el Estado Mexicano: el fantasma de la unipolaridad y la fuerza militar sigue vigente en la cosmovisión de ciertas élites políticas en Estado Unidos.
Posterior a la reunión del SOUTHCOM siendo 7 de marzo del 2026 se llevó a cabo la cumbre “Escudo de las Américas” en donde se conformó una coalición regional que tiene como principal objetivo el combate a los cárteles (FTO) inclusive por el uso de la fuerza letal. México no envió una delegación. En la cobertura del rotativo The Guardian se señala que: “Trump elogió a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que no estuvo presente en la reunión, pero aun así mantuvo que los cárteles “están empeorando y tomando el control del país. Los cárteles están gobernando México. No podemos permitir eso. Demasiado cerca de nosotros, demasiado cerca de ti.” A través de los canales conducentes de forma diplomática pero asertiva y contundente; México debería poner esta cuestión sobre la mesa: ¿Es la alineación coercitiva algo conveniente tomando en cuenta el desgaste que sufre hoy Estados Unidos en su apoyo a Ucrania y en su apoyo a Israel en la guerra con Irán?
A nivel interno en México; los sectores más críticos del gobierno se han sumado a las presiones de Washington sobre una actuación directa en terreno mexicano. Pero la comunicación del Ejecutivo y el poder Legislativo deberían mostrar visión de Estado en temas tan sensibles; algo que parece complejo debido a las diferencias político-ideológicas de la oposición con el movimiento de MORENA quien hoy tiene las riendas del país. Es ineluctable que México, por su importancia estructural, tiene una agenda bilateral propia con Washington. No necesita ir a una reunión donde se discuten enfoques básicos o se coordina a países que aún están construyendo capacidades. La exclusión no es castigo ni señal de desconfianza; es reconocimiento implícito de que México ya está en otra categoría. Ir sería casi redundante o incluso diluiría el canal directo privilegiado. Esto es una realidad que debe explotar el Estado Mexicano frente a la intransigencia estadounidense.
II.I Arquitectura de Seguridad Nacional e Inteligencia
La arquitectura de Seguridad Nacional mexicana ha venido arrastrando ineficacia con registros de larga data histórica. La administración de la justicia, incluyendo a los cárteles, ha implicado una escalada sostenida difícil de acotar. Hablamos de la corrupción institucional que se ha arraigado mediante un efecto de doble vía. De altos escaños gubernamentales permitiendo la operación de células delictivas cada vez más sofisticadas. La misma capacidad de sofisticación ha permitido a las organizaciones criminales cooptar las instituciones gubernamentales de menor escaño. Un círculo vicioso a todas luces; una descentralización de actividades ilícitas cada vez más difíciles de mapear para la elaboración de paquetes procesales sólidos.
En la administración del ex presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) 2018 - 2024 surgió un lema de trabajo integral: “abrazos, no balazos”. Para los opositores políticos en México y personas ajenas a la idiosincrasia nacional desvirtuaron dicha frase señalando que los abrazos iban dirigidos hacia los miembros de los cárteles. Sin embargo, esto fue una estrategia deliberada de golpeteo político y desconocimiento de la antropología mexicana. La visión genuina del lema “abrazos no balazos” se refería a brindar a las bases sociales, específicamente a los jóvenes, mayores oportunidades para evitar su cooptación y posterior adhesión a los cárteles. Por temas políticos que no aportaron nada a la estrategia de Seguridad (un rubro que no puede ser politizado) la crítica siguió.
Sin embargo, pese a las arengas, se tomó una decisión de alto coste político. La creación de la Guardia Nacional. Una estrategia para aprovechar el posicionamiento geográfico de la DEFENSA para recuperar zonas importantes y dar a otras la cobertura territorial necesaria. Una cuestión de urgencia para la gobernanza y no un capricho ideológico como se maneja en algunos círculos opositores al gobierno.
Esta puntualización es imprescindible para el mapeo organizacional en el aparato de seguridad mexicano, el reconocimiento de su arquitectura, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Con la creación de la Guardia Nacional se optó por un mecanismo híbrido de contención. Si bien, algunos plantean que la militarización permea a México, no existe institución civil capaz de brindar la cobertura necesaria para operar a nivel nacional. La DEFENSA ha tomado una posición estratégica como balaustre nacional y ha permitido alcanzar los resultados obtenidos en materia de cooperación.
Pese a los señalamientos de abandonar un esquema civil de policial federal y descuidar ese modelo en los niveles estatales y municipales; visto en retrospectiva, México y su problemática de seguridad no es un caso comparable con ningún otro país del mundo. ¿Cuál habría sido el resultado de los hechos suscitados tras la muerte de Nemesio O. Cervantes a.k.a. El Mencho líder público del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) si la Guardia Nacional no tuviese la cobertura territorial? ¿Cuál habría sido el desempeño con la antigua Policía Federal? que contaba con una fuerza laboral de 37 mil 861 activos al cierre de 2017 según datos del INEGI (Censo Nacional de Seguridad Pública Federal 2018).
En la relación binacional sobre seguridad, se conoce la predilección de Estados Unidos para cooperar con la Secretaría de Marina (Armada) e instituciones civiles. En su libro titulado “Gracias” el ex presidente Andrés Manuel López Obrador señaló lo siguiente: “Todo indica que la decisión de reforzar la misión armamentista de la Secretaría de Marina estuvo relacionada con la dificultad que le representaba al Gobierno de los Estados Unidos subordinar por entero al Ejército mexicano, institución con mayor nivel de independencia y nacionalismo”.
Con este abordaje no buscamos lisonjas partidistas. Es el reconocimiento del hecho de que alguien (ex presidente López Obrador) que ya fue jefe de Estado y conoce las profundidades del sistema así como sus limitaciones navega en una observación clave:
El Ejército de México pese a no tener los niveles de aceptación popular que tiene la Secretaría de Marina es el principal activo operativo del estado mexicano.
La DEFENSA se conforma por el Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. Es el máximo pilar y piedra de toque del aparato estatal mexicano. En Washington deberían tomar esto como una oportunidad y no como un impedimento de avance. La curva de aprendizaje ha sido difícil y con altos costos.
Fue el 17 de octubre de 2019 cuando se gestó el llamado “culiacanazo” tras un operativo que terminó en la captura y posterior liberación de Ovidio Guzmán López hijo de Joaquín Guzmán Loera a.k.a. “El Chapo Guzmán”. Un escenario que nunca se había visto en el escenario nacional. Fue un costo político fuerte el que tuvo que pagar el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. En ese contexto la Guardia Nacional apenas estaba iniciando su diseño organizacional; la policía federal era la responsable de la seguridad federal; inclusive, un grupo de la Unidad Nacional de Operaciones de la extinta Policía Federal se desplegó en la captura directa del objetivo prioritario.
Eso incrementó los niveles de desconfianza interinstitucional entre la DEFENSA entonces SEDENA y la Policía Federal. Una falta de sinergia entre el actuar militar y el civil. Este escenario tiene que ser constantemente monitoreado para lograr acuerdos equilibrados que permitan ir consolidando una visión de Estado. Las pugnas interagenciales e interinstitucionales deben ser depuradas.
La Presidente Claudia Sheinbaum Pardo heredó a la Guardia Nacional como ente máximo para la defensa y salvaguarda de la república. Apoyada por la DEFENSA y en su momento también por la Secretaría de Marina. En círculos opositores al gobierno mexicano hoy permea en algunas narrativas esa misma problemática. El hombre de máxima confianza de la presidenta Sheinbaum es Omar García Harfuch. Pese a que, en su linaje, específicamente su abuelo, el general de división Marcelino García Barragán fue el Secretario de la Defensa Nacional; García Harfuch forjó su carrera en el ámbito de la seguridad civil. En la Policía Federal y en la Agencia de Investigación Criminal de la Fiscalía (antes Procuraduría) General de la República.
Una diferencia en metodologías de trabajo que busca extrapolarse como rupturas al interior del gabinete puede causar percepciones erróneas en la opinión pública. Tras la muerte de Nemesio O. Cervantes a.k.a. El Mencho y los movimientos al interior del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG); la organización delictiva más poderosa del continente americano, las diferencias internas deben suprimirse para lograr una dinámica de fortaleza institucional ante los gobernados y los grupos criminales.
Este nivel de sinergia interinstitucional del aparato de seguridad mexicano puede operar de forma espléndida frente a la amenaza del hard power bajo Trump 2.0. Tras la muerte de “El Mencho” por elementos de Fuerzas Especiales del Ejército y la Fuerza Especial de Reacción e Intervención (FERI) de la Guardia Nacional, el panorama da un giro inesperado. Podría preverse que EE.UU. optara por García Harfuch y la Unidad Nacional de Operaciones (UNO) de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) o la Marina para ejecutar el operativo. Pero la cobertura territorial necesaria para la respuesta esperada del Cártel Jalisco Nueva Generación es un activo que sólo puede proporcionar una institución en México; la DEFENSA. En Washington son conscientes de ello. Este golpe debe traducirse en las negociaciones como el preludio para un fortalecimiento de todo el aparato de seguridad. Soft Power del Hard Power mexicano. El Ejército como piedra angular; la SSPC como un ariete de equilibrio para la inteligencia, análisis y procesamiento de datos.
Mientras la Guardia Nacional opera bajo apoyo logístico de la DEFENSA como lo dictamina el boletín No. 0077 de la Cámara de Diputados: “se establece que la Federación contará con la Guardia Nacional, fuerza de seguridad pública, profesional, de carácter permanente e integrada por personal militar con formación policial, dependiente de la Secretaría del ramo de Defensa Nacional (SEDENA), para ejecutar la Estrategia Nacional de Seguridad Pública en el ámbito de su competencia.” debe mantener y ampliar la cobertura territorial para establecer mandos de control. Debe profundizar el nivel de capacitación a todo el personal activo. El ecosistema en México implica una estrategia híbrida. La Guardia Nacional debe planificar bien la distribución de los esfuerzos. El enfoque de proximidad social es un objetivo importante que en este momento se encuentra atascado por la necesidad de la reacción inmediata para cobertura, despeje y control de poblados, así como combate.
¿Cuál debe ser la proyección de poder blando?
Cohesión. Una cuadratura impecable para el desarrollo estratégico del Estado mexicano. Táctico en la propuesta de adhesión temporal para capacitación en temas de inteligencia y contrainteligencia. Capacitación y traspaso controlado de tecnología y sistemas clave para la fusión de inteligencia; garantizando un desarrollo constante en un periodo de mediano plazo. México no puede adherirse de forma absoluta a un pacto de defensa con los Estados Unidos; la cultura nacional, la entelequia de un ente llamado México y los usos y costumbres de la ciudadanía en términos generales serían un impedimento al demostrar un rotundo rechazo. Puede darse una integración temporal en materia de inteligencia y contrainteligencia.
Esta cooperación podría servir de modelo para algunos actores en el hemisferio. Principalmente frente a Ecuador. Aunque aquí ya existe otro choque estructural. Ningún país ha colaborado más que México para el combate a los cárteles. Sin embargo, la negativa de una incursión de fuerzas operativas estadounidenses convencionales o de fuerzas de operaciones especiales (SOF) en el terreno mexicano ha causado molestias en Washington. Bajo el escrutinio estadounidense esto se interpreta como una disolución del hard power estadounidense; afectando su proyección de poder hemisférico en el ámbito internacional.
Washington ha exigido a México resultados tangibles en el combate al crimen organizado so pena de acciones cinéticas unilaterales, pero ¿dónde queda la responsabilidad compartida? El flujo de armamento ligero sofisticado de Estados Unidos hacia México no ha sido un tema prioritario para la Casa Blanca. Inclusive puede agravarse con la movilización de activos militares en otras regiones del globo. Como lo mencionamos en el artículo titulado: “México en Zonas Grises II: Descentralización Híbrida Post-Ucrania y Apalancamiento Estratégico Binacional - Incertidumbre Sistémica y Oportunidades de Leverage en el Dominio Híbrido” las zonas grises ya no representan una operatividad descentralizada sino un quiebre sistémico global en el que un mapeo de redes ilícitas con precisión ya no puede generarse de forma tan sencilla.
Como lo menciona Cecilia Farfán-Méndez en un artículo para el CSIS titulado: “Why U.S.-Mexico Security Cooperation Is Still Falling Short for Washington - (¿Por qué la cooperación en seguridad entre Estados Unidos y México sigue siendo insuficiente para Washington?): “La incertidumbre creada por una acción militar podría afectar potencialmente a 17 millones de empleos generados por esta integración económica y al menos a 33 estados estadounidenses que tienen a México entre sus tres principales socios importadores”. Washington debe recalibrar sus técnicas de negociación so pena de implosionar la región e incluso su entendimiento de la entelequia “Homeland”.
En el mismo artículo para CSIS; Earl Anthony Wayne con su aportación titulada: “Improving Mexico-U.S. Trust and Cooperation Against Crime” - (Mejorando la relación México-EE.UU. Confianza y cooperación contra el crimen”) admite que: “La confianza debe fomentarse para producir mejores resultados para ambos países. Esto vale mucho más que movimientos rápidos y descoordinados que atacan a grupos criminales, pero debilitan la cooperación y generan desconfianza. Tal esfuerzo requeriría no sólo un acuerdo inicial sólido entre los equipos nacionales, sino también un compromiso sostenido para profundizar la cooperación a nivel federal y, con el tiempo, a nivel estatal y local. Los resultados podrían ser impresionantes”.
Esta postura colisiona con los eventos recientes en Ecuador. El presidente Daniel Noboa ha permitido una serie de acciones coordinadas para que fuerzas de seguridad de su país en conjunto con fuerzas estadounidenses realicen bombardeos selectivos en la frontera de Ecuador con Colombia. Ryan C. Berg director del programa para las Américas del CSIS ya apuntala que el modelo de securitización a nivel regional puede surgir de la cooperación EE.UU. - Ecuador. Esto tras la reunión del grupo proclamado: “Escudo de las Américas” el 7 de marzo para el combate al narcoterrorismo y la contención de China en el continente.
Esta alineación está politizando la seguridad de facto a perfiles de derecha (en la taxonomía estadounidense eso significa pro-Washington). Sin embargo, hay una realidad que no se puede suprimir. Ningún país en todo el continente puede colaborar mejor en los rubros mencionados que México. Esto no es un asunto de ideologías; es un tema estructural implícito a la reconfiguración de un orden global cargado de incertidumbre.
III. Recomendaciones Políticas
Comunicar Posición Contundente sobre Coaliciones Coercitivas: Ante retóricas como la de Stephen Miller (cárteles como “ISIS del hemisferio”) y Donald Trump (“cárteles gobernando México”), la SRE (Secretaría de Relaciones Exteriores) debe emitir un comunicado formal reconociendo la ausencia de México en “Escudo de las Américas” no como exclusión, sino como reconocimiento implícito de su categoría superior en la relación binacional.
Recomendación: Convocar un diálogo bilateral de alto nivel (Sheinbaum-Trump) para cuestionar la viabilidad de alineaciones coercitivas, destacando el desgaste de Estados Unidos en Ucrania e Irán y proponer mecanismos de responsabilidad compartida. Esto alinearía con la sugerencia de Wayne en CSIS sobre fomentar confianza sostenida, evitando movimientos descoordinados que erosionen la cooperación.
Apalancamiento Económico en Negociaciones Sensibles.
Recomendación: Preparar un memorándum conjunto SRE-Secretaría de Economía para la revisión del T-MEC en 2026, enfatizando que acciones unilaterales (fuerza letal en coaliciones como Escudo de las Américas) podrían afectar 17 millones de empleos binacionales (Farfán-Méndez en CSIS). Incluir cláusulas para resolución bilateral de temas de seguridad, evitando dilución en foros multilaterales donde México pierda influencia.
Desarrollar Capacidades Autónomas de Inteligencia Frente a Influencias Exógenas
Recomendación: Ante preferencias de Estados Unidos por SEMAR (Secretaría de Marina) y civiles, invertir en fusión independiente. Implementar un programa de adhesión temporal (2-3 años) para capacitación bilateral en contrainteligencia, con traspaso controlado de tecnología, pero condicionada a reciprocidad en control de armas y lavado de dinero. El CNI (Centro Nacional de Inteligencia) debe priorizar el mapeo de redes ilícitas en “zonas grises” post-Ucrania, reportando trimestralmente para evitar la descentralización híbrida.
Monitoreo Continuo y Ajuste Estratégico
Recomendación: Establecer un grupo interinstitucional para revisión anual del Programa Sectorial de Seguridad, incorporando métricas globales (impacto de Irán sobre costos del petróleo) y ajustando a presiones estadounidenses, asegurando que la “entelequia de México” prevalezca sobre la intransigencia externa. Reconociendo quiebres globales; monitorear impactos en la logística binacional. Actualizar la Agenda Nacional de Riesgos (ANR) del CNI para incluir escenarios de escalada.


